El oro y Hitler

“El oro no es necesario. No tengo interés en el oro. Construiremos un estado sólido sin ninguna onza de oro detrás del mismo. Cualquiera que venda por encima de los precios pactados, marchará a un campo de concentración. Ese es el bastión del dinero”.

Adolf Hitler.

Billete de 20 marcos del Reich

En el mundo de la economía hay muchos mitos. Uno de esos mitos de la era moderna es el relacionado a Hitler, su régimen nacionalsocialista y el oro.

Según se dice Hitler tenía al oro por un metal no solo inútil sino también malvado, y fue su sistema de crédito basado en el “trabajo” el supuesto causante del despegue de Alemania como potencia mundial después de estar en la ruina.

Ambos mitos son falaces. Hitler sabía que el oro no era un metal inútil y el resurgimiento de Alemania no fue por eliminar el oro del sistema monetario sino por otras cuestiones.

Hitler y su desinterés por el oro

La primera cuestión, ese total desinterés de Hitler es una mentira fácil de probar por el simple hecho de que antes, durante y al final de la guerra, Alemania tuvo en su poder importantes cantidades de oro, dando lugar a no pocos mitos e historias por el oro desaparecido de las cámaras alemanas al final de la guerra.

Si el oro no tenía interés alguno para Hitler y el mismo era inútil, entonces no debería haber el más mínimo interés en poseer el mismo, ni en la más mínima cantidad.

Por ejemplo, si el Estado español no tiene interés en tener piedras, entonces al encontrarse con ellas, como supuestamente ocurriría al ocupar un país, intentaría deshacerse de ellas de alguna manera. En el caso de las piedras es sencillo: no haría nada y las dejaría en el suelo o donde estén.

Si en vez de piedras ocurre que se encuentran diamantes en las cámaras del banco central del país ocupado, pues el Estado lógicamente les debería dar salida, y las pondría de venta en el mercado para financiar las mucho más importantes cuestiones de la vida diaria.

Es decir la lógica dice que si Hitler dijera la verdad entonces lo que tenía que haber hecho con todo el oro que tenía el banco central alemán, era venderlo en el mercado, ya fuera a Suiza, España, Italia o Japón.

Pero no; no lo hizo.

Alemania, es decir, Hitler, prefirió conservar ese oro.

¿Por qué? ¿No dijeron que no tenía el más mínimo interés y que era inútil?

Este es uno de esos ejemplos que nos enseñan que una cosa es lo que se predica y otra lo que se hace.

Hitler y todo alemán sabía que el oro era no solo valioso sino importante.

Podrán escribir libros de 1.000 páginas con explicaciones de lo más inverosímiles o “intelectuales”, que siempre se caracterizarán por ser extremadamente confusas – atributo este esencial – pero la cuestión es realmente simple tal y como la he explicado.

El resurgimiento económico de la Alemania de Hitler

“No fuimos lo suficientemente tontos como para intentar hacer una divisa respaldada por el oro, del cual no teníamos ninguno, pero por cada marco emitido requerimos que el mismo tuviera el mismo peso en el trabajo o bienes producidos por un trabajador alemán… nos reímos del tiempo en el que nuestros financieros nos decían que el valor de una divisa está regulado por el oro y los valores en las cámaras acorazadas de una banco estatal”.

Este es un ejemplo un poco más complicado que refutar que el anterior, sobre todo porque incluso refutándolo con la lógica, la mayoría de las mentes no podrían asimilar una verdad tan simple, habida cuenta de lo lavados que están los cerebros hoy en día.

Si Hitler pudo instaurar un sistema monetario en Alemania que tuvo éxito no tiene que ver con que el mismo no fuera respaldado por el oro. Es más, a Alemania le habría ido incluso mejor si hubiera adoptado un sistema monetario como el que había en la Prusia de Federico el Grande o en la de los abuelos de este; es decir, un sistema monetario privado con el oro como monarca.

Milagro económico de la Alemania de Hitler

Que Alemania pudo levantarse económicamente con un modelo FIAT, basado en la emisión monetaria de divisa estatal basada en “trabajo” no quiere decir que dicho sistema sea el mejor del mundo, más que nada porque dicho sistema no difiere en absoluto del sistema de crédito de un país comunista como podía ser el de la Unión Soviética, donde cada rublo emitido tendría que estar respaldado por todos y cada uno de los trabajadores soviéticos.

No, Alemania se levantó de manera milagrosa debido a otras cuestiones.

El milagro económico de la Alemania de Hitler tuvo más que ver con que, a pesar de todas las apariencias, la economía alemana reforzó los mecanismos de una economía de mercado, y todo a pesar de ser una “dictadura fascista”. Toda una paradoja de las más complicadas de captar.

La propaganda de hoy en día nos habla de que la economía nacionalsocialista era una economía de Estado, no muy diferente de una economía de corte soviético. Nada más lejos de la realidad.

El hecho es que la llegada de Hitler al poder hizo que la propiedad privada y, por tanto, todo el sistema productivo nacional privado se viera reforzado de manera dramática. Con este reforzamiento y las subsecuentes medidas para bajar impuestos, cortar gastos sociales y promover la producción, en contra de promover el gasto, hizo que la acumulación de capital privado y de la inversión fueran totalmente espectaculares.

Ver esto es muy complicado, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta la visión nacionalsocialista, la cual era totalmente contraria a la bolchevique. Es como la diferencia entre una mentalidad de producción y una mentalidad de gasto.

Por ejemplo, una de las claves del resurgimiento económico alemán fue la eliminación de los sindicatos.

Es curioso, que un país que abolió el sistema sindical consiguió que el desempleo descendiese del 30 al 3% en cosa de unos años.

A pesar de lo que nos dice la lógica, por ser supuestamente un régimen represivo, la llegada al poder de Hitler supuso una disminución en la regulación del merado de trabajo de manera muy fuerte.

Una vez la actividad sindical, siempre contraria a la propiedad privada y las empresas, fue reducida a cero, el mercado laboral alemán adquirió una vitalidad impresionante. Se había acabado la mentalidad de la huelga, convenios colectivos infinitos y cuestiones legales parasitarias de todo tipo. El mensaje fue claro: se premiará la producción. De ahí que hubo un resurgimiento en la economía por resultados, con un boom espectacular en todos los sectores privados, y sobre todo en la pequeña y mediana empresa, ya que los emprendedores nacionales se vieron con la posibilidad de poder realizar proyectos e inversiones con una mayor seguridad legal.

A pesar de que se piense que esa medida favoreció a los grandes conglomerados alemanes tipo IG Farben, lo cierto es que los grandes beneficiados fueron los pequeños inversores y emprendedores.

En cierto modo fue una vuelta a una especie de sistema autárquico-nacionalista de corte monárquico, con Hitler como cabeza del Estado, en el que la propiedad privada era protegida por encima de todo.

Al tratarse, además, siendo un modelo tradicional de corte paternalista, todas las actividades basadas en cuestiones morales dudosas, como el porno, drogadicción o la especulación política, se vieron cortadas de manera drástica, lo que hizo que la práctica totalidad del pueblo alemán se concentrase en actividades más productivas.

Es decir, con el nuevo sistema político en Alemania, la propiedad privada estaba más segura y protegida que en los supuestos estados capitalistas por un simple hecho. Dicho de otro modo, los ciudadanos y emprendedores alemanes, como pudiera ser un ingeniero y su pequeña empresa, eran conscientes de que mientras Hitler estaba en el poder la probabilidad de que llegase un sistema comunista de abolición de la propiedad privada sería cero. Con esa certeza, todo alemán productivo y ahorrador se vio reforzado de manera tácita, sintiéndose protegido por el “rey”.

El mito de la economía de Estado de Alemania

Se supone que la economía alemana era ultra-intervenida y, por tanto, anti-capitalista. Esto puede ser más cierto conforme la guerra fue avanzando y las necesidades del Estado se volvieron imperiosas, pero en los inicios del régimen – esos años en los que se produjo el milagro – lo cierto es que la intervención estatal en la economía alemana fue reducida y las empresas, grandes, medianas o pequeñas, tuvieron la garantía de que sus inversiones y propiedades iban a ser respetadas.

La economía francesa o belga, por ejemplo, eran más intervenidas que la Alemana, por estar en manos de políticos cambiantes, con nuevas y contradictorias leyes cada legislatura y hordas de sindicatos dictando las políticas laborales de la empresas. En la Alemania de Hitler, ambos procesos se redujeron a lo mínimo. Ni había especulación política con la creación constante de leyes y decretos por partidos diferentes, ni había sindicatos para presionar o coartar a los emprendedores e inversores alemanes. Lo único que hubo fue estabilidad política, económica y social.

Además, Hitler fue realmente claro con el tema del déficit. La mentalidad tradicional está totalmente en contra de adquirir déficits perpetuos y de financiar los mismos con deuda externa. Al contrario que la mentalidad de las democracias de ahora y antaño, Hitler sabía que los déficits eran un pecado contra las futuras generaciones de Alemania, y por eso su política inicial fue la de balancear de manera drástica las cuentas del Estado, y todo ello con bajadas de impuestos. Visto así parece que Hitler fuera un adalid del libre mercado, y si así lo parece es que así era; a pesar de, nuevamente, las apariencias.

Por lo tanto, el milagro económico de Alemania después de la llegada de Hitler no tuvo tanto que ver con no usar el oro como base del sistema monetario o de usar letras de crédito basadas en el trabajo alemán.

El milagro económico alemán tuvo que ver con el refuerzo tácito y directo del régimen de propiedad privada en Alemania.

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