El oro de Moscú, otro robo infame de los secuaces del socialismo

robo del oro del banco de EspañaEl caso del oro de Moscú es uno de los más lamentables y vergonzosos de la historia moderna. Un caso en el que el 70% de las reservas de oro de España por aquel entonces – que estaba entre las 5 primeras reservas del mundo – desapareció por arte de magia destino a la Unión Soviética.

A los enemigos del oro siempre se les encuentra más fácil por sus acciones que por sus palabras.

¿Cómo ocurrió el robo del oro de Moscú?

La historia es bien conocida.

Dos meses después de iniciada la Guerra Civil, miembros del partido socialistas acompañados por carabineros y cerrajeros irrumpieron en el Banco de España, donde estaban la mayor parte de las reservas de oro españolas.

El infame Juan Negrín había firmado un decreto en el que se autorizaba al transporte del oro español al lugar que se considerase con mayores garantías.

Aquí es donde empiezan las primeras incongruencias del asunto, pues ya vemos que el oro no se sacó con ninguna garantía, no hablemos de “las mayores”. Es decir, se sacó sin inventario, como lo hace un ladrón de barrio, nada más y nada menos.

El cajero de la entidad era el encargado de firmar el movimiento de dicho oro pero resultó que el mismo se negó a ello, sucediendo que más tarde apareciera “suicidado”.

En cuatro días se sacó la cantidad gigantesca de oro que se guardó en cajas de madera sin numerar y con menos fiscalización que un trueque de barrio.

Estos detalles ya revelan el carácter de los que perpetraron dicha infamia.

¿A dónde fue el oro de España?

De las 10.000 cajas, 7.800 fueron a puertos soviéticos y 2.000 fueron a París, sin que se sepa nada de las 200 cajas restantes, que supongo que formarían parte de la “comisión” para los que perpetraban el robo desde origen. Bien barato vendieron el oro de su país a sus amos internacionales, la verdad.

No solo desapareció el oro del Estado español, sino también la plata y las importantes cantidades de oro y dinero privado que había en esas cajas. Esto último estaría justificado porque ya sabemos la opinión de los gobiernos socialistas con respecto a la propiedad de sus súbditos. Es más, el 6 de octubre, apenas unas semanas después del expolio, el gobierno de Azaña firmó el decreto por el cuál el oro de los particulares y entidades había de ser entregado al Estado.

Las casi 600 toneladas de oro acabaron finalmente en Moscú. Sin la más mínima vergüenza, y solo seis meses después de haber llegado el oro a territorio soviético, Stalin publicaba como las reservas del Gosbank habían aumentado considerablemente, supuestamente por el buen hacer de la economía.

Como podemos ver solo viendo por encima el resumen de los acontecimientos, estamos ante un verdadero expolio de Estado de la más absoluta bajeza, donde quedó demostrado que los líderes del socialismo español no eran sino títeres del Comunismo internacional y hacían lo que el mismo les ordenaba sin rechistar. El asunto de la “comisión”, de 100 o 200 cajas de las que no queda constancia, es bastante esclarecedor, porque demuestra que los secuaces del socialismo internacional no eran sino trabajadores a sueldo por la causa mundial comunista.

Lo mejor de todo es cuando empezamos a analizar un poco el tema y comparamos lo que hicieron estos supuestos comunistas, que siempre presumen de ser tan desinteresados por el dinero y que no paran de acusar a sus enemigos de “capitalistas” y cosas por el estilo.

¿Por qué no se inventarió el oro?

¿Por qué se sacó con esa prisa?

¿Por qué se fue a la Unión Soviética y no a los Estados Unidos, Suiza, Reino Unido o Francia?

Después de todo los alemanes y los italianos ayudaron al bando nacional y no hizo falta que les pagaran 500 toneladas de oro por anticipado. Pero esto da igual porque al final el “oro de Moscú” ni siquiera salió como forma de “pago” por la ayuda soviética, sino que terminó en las cámaras acorazadas de Moscú de manera gratuita, solo porque los secuaces del socialismo demostraron bien para quien trabajaban: evidentemente no para el pueblo español sino para sus jefes internacionales.

Hubiera sido realmente fácil inventariar el oro y enviarlo a Suiza o los Estados Unidos, donde esta se encargaría de ponerlo a buen recaudo, y una vez allí acordar las comisiones por dicha tarea.

Pero no, se eligió llevarlo a la Unión Soviética sin registro alguno a un régimen que además se vanagloriaba de luchar contra la avaricia y el dinero.

¿Quién demostró ser más avaro aquí?

Si la Unión Soviética fuera de verdad tan idealista y tan noble no habría pedido ese oro de esa manera o solo lo hubiera aceptado como un depósito totalmente inventariado y legal, de Estado a Estado. Evidentemente, la Unión Soviética ni era noble ni era de fiar, como nunca lo fue ni nunca lo será ningún régimen de tipo comunista o cualquiera que lo defienda.

Es curioso, que de todos los participantes en la escena internacional, los supuestamente corruptos capitalistas, como Suiza o los EEUU no fueran los que perpetraran dicho atraco. Tuvo que ser la noble y desinteresada Unión Soviética la que se “ofreciera” a ser el destino de ese oro.

¿Podría haber sido el pago por la ayuda de la Unión Soviética?

Esa es una excusa estúpida por varias razones.

Alemania e Italia ayudaron a Franco y para ello no necesitaron que les enviaran 500 toneladas de oro por adelantado.

El oro podía haberse llevado a los Estados Unidos, por ejemplo, y de ahí se podía haber empezado a vender poco a poco para sufragar gastos militares de la República. No hacía falta enviarlo directamente a Moscú.

Tampoco parece necesario que se tuviera que hacer un pago por adelantado de tanta magnitud. Se podría haber gestionado de una manera mucho más legal desde la misma España. ¿Por qué con tanta prisa y en tanta cantidad?

Al final el régimen soviético demostró, una vez más, su verdadero carácter: el de un sistema corrupto, hipócrita, falso y cruel, donde la legalidad brilla por su ausencia.

Ni qué decir de las otras historias rocambolescas de los tesoros españoles que fueron expoliados durante la guerra y el oro que acabó, por ejemplo, en México.

Al final, todas estas historias son casi iguales.

Es la misma historia siempre.

Como el caso del actor español Javier Bardem, que tanto defiende la ideología socialista-comunista y que luego resulta que vive en mansiones en Miami o Los Ángeles. Lo mismo que los personajes socialistas de la Guerra Civil, como el mencionado Negrín, que una vez terminada la guerra preferían vivir en México o sitios pocos sospechosos de “socialistas”, donde podían hacer uso de los innumerables lingotes de oro que había obtenido como pago por robar a los españoles. De la misma manera que Bardem, no eligió el paraíso que tando defendía, la Unión Soviética; porque, claro, allí no vender esos kilos de oro con la misma facilidad y llevar una vida burguesa.

Al final, el oro de Moscú acabó en las manos de los enemigos del oro, esos que, precisamente dicen que el oro no sirve para nada.

Vaya paradoja, ¿no?

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